El Blog de John Constantine

Impresiones de un bastardo profesional.

Tuesday, July 01, 2008

Actores de con carácter

Puesto que generalmente usa uno el blog para quejarse de todo y todos, pues bueno será de vez en cuando usarlo también para reseñar impresiones positivas. En el caso de hoy, y con bastante retraso incluso respecto al DVD, de una película de la que servidor tenía los mayores prejuicios: El remake de "Poseidon" de Wolvang Petersen.


La verdad es que ante un clásico tan eficaz como la versión original, que siguen contemplándose con agrado e interés en sus sucesivas repeticiones por TV, uno se pregunta qué puñetas puede ofrecer una nueva versión, más allá de la actualización de unos efectos especiales que , pese al tiempo transcurrido, funcionan aún de maravilla.


El resultado es, a mi parecer, similar al que el director alemán ofreció con Troya: curiosamente la película no termina de ofrecer un "gran espectáculo" tan grandioso como podría parecer por su presupuesto. Se echan en falta, a priori, unos escenarios mas impresionantes -el casino, el restaurante- y esa mirada que directores como Tony Scott o James Cameron sí saben ofrecer para convertirun sólo fotograma en algo espectacular.

Y es algo que a uno le hace pensar si Petersen no habrá sido encasillado erróneamente en superproducciones, cuando sus mejores trabajos americanos, como "En la línea de fuego", tenían sus mayores aciertos en cierto tono intimista y personal. Otra cosa es que Hollywood considere "Airforce One" como un ejemplo de lo que debe ser una película y pretenda revisitar su éxito cuando alquila los servicios de Petersen.


Pese a esto, lo ajustado de la duración del relato juega a favor del mismo, agradeciéndose la intención de no convertirlo en una interminable odisea de supervivencia.También termina resultando un acierto el limitar un tanto, respecto a otras producciones del género, el número de personajes principales, alejando el desarrollo de la trama de un mero "body count" de estrellas (recordemos "El coloso en llamas","Terremoto").


Y es la labor de algunos actores, sobre todo Richard Dreyfuss y Josh Lucas, la que termina inclinando la balanza de modo favorable en la valoración. Dreyfuss, con la sabiduría de los años, componiendo un personaje de gran humanidad que se aferra a la existencia justo cuando pensaba que carecía de valor para él.. Y Lucas, en un "tour de force" repleto de energía y garra. Dando una lección de lo que debería ser una interpretación en filmes de acción, de la que deberían tomar nota ¿superestrellas? del calibre de Nicolas Cage o Harrison Ford, apáticos unos y sobreactuados los otros en sus últimospapeles de acción. Lo único que lamenta uno es que el (relativo) fracaso comercial de la película no haya elevado a Lucas a la categoría de superestrella a la que lleva ya un tiempo optando con merecimiento.Uno sólo espera que aunque sea en cierto segundo plano, al actor no le falte trabajo y no se quede limitado a comparsa de la estrella femenina de turno, como ya hiciera en sus comienzos en "Sweet Home Alabama", condición en la que parecen haber quedado encasillados actores tan prometedores en su momento como Mark Ruffalo.


En el lado negativo de los intérpretes, da la impresión de que papeles como los de Andre Baugher (el capitán del Poseidón) han sido recortados a su mínima expresión, pues ni siquiera se nos hace una presentación de los mismos. Y, no se sabe si ensombrecido por la pujanza de Lucas o por su edad, Kurt Russell aparece ciertamente algo por debajo de su perfil habitual, echándose en falta algo más de mordiente en ciertas situaciones de comedia.También, porqué no decirlo, el personaje de Dreyfuss ofrecía aún más posibilidades dramáticas de las que el actor inteligentemente ya aprovecha... aunque uno es consciente de hallarse ante un producto de mero entretenimiento y no de uno orientado al lucimiento de los actores o el drama.


Aún así, este blogero se queda con la sensación de haber pasado un rato más que entretenido con una producción que no pretender tomarle el pelo en sus intenciones, cosa no del todo habitual en el cine de entretenimiento actual. Cosa que sí ocurre en cintas como "Transformers" o las dos secuelas de "Matrix". Si algo pueden tener de bueno los prejuicios son las (agradables) sorpresas que uno se lleva cuando demuestra estar equivocado

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Wednesday, June 18, 2008

Ramírez

Anda uno desde hace tiempo realizando un viejo proyecto: regrabar mi vasta colección de películas en DIV-X almacenadas de CD-ROM a DVD, agrupándo los filmes por temas e incluyendo subtítulos en todos los que es posible. Y graba que te graba, se encontró uno el otro día con una película por la que siente uno un afecto que no os pillará de nuevo: Los inmortales.


Varias reflexiones le vienen a uno a la cabeza: lo mal que ha envejecido todo lo referido a la imagen de los 80. Es curioso que, al menos en lo cinematográfico, parece vivirse una reivindación de los 70 y su estética. De ahí el éxito crítico y/o de público de películas como American Gangster o La noche nos pertenece. E incluso reseñar la sorprendente -por agradable- acogida del público, al menos en nuestro país, a un producto a priori tan poco espectacular como "Antes de que el diablo" sepa que has muerto, donde el viejo Sidney Lumet demuestra la maestría que brillara sobre todo en aquella decada.

En cambio, películas como "El precio del poder", "Wall Street" o series como "Miami Vice" , más allá de sus aciertos argumentales, provocan la sonrisa involuntaria del espectador..


Y si hablamos de envejecer mal, qué decir de Christopher Lambert, protagonista de la cinta. Un actor que alcanzó la fama con cintas como ésta, "Greystoke" o "Subway" y que lenta pero inexorablemente ha quedado relegado a las estanterías del "Direct to vídeo", merced entre otras cosas a su maestría en la elección de malos papeles, tal vez sólo igualada o superada por la de Alec Baldwin.

Pero hay algo que la película no ha perdido: la humanidad y energía que Sean Connery y su personaje, Ramírez, otorgan a la cinta. Connery se encontraba al principio de su mejor etapa como actor, en la que papeles como éste, el Malone de "Los intocables", el Guillermo de Baskerville de "El nombre de la Rosa" o el Marko Ralmius de "La caza del Octubre Rojo" le elevaron a la categoría de superestrella cuando parecía que el ocaso de su estrellato era inminente.

Hay algo además que siempre me ha gustado de Connery, tal vez sólo una impresión personal: su enorme generosidad a la hora de componer sus personajes, lejos de la vampirización a las que les someten otros actores. Salvo en películas biográficas ("El aviador","Forrest Gump"), me resulta imposible recordar el nombre del personaje de Tom Hanks en "Naufrago", el de Daniel Day Lewis en "American Ganster" o "Pozos de ambición", el de Pacino en "Esencia de mujer"...Pero curiosamente , al menos en mi opinión, el escocés siempre parece capaz de que recordemos el nombre de su personaje (ver la lista arriba citada) más alla del de la propia estrella.

Y pese a que muchas de sus últimas cintas no destacaron en absoluto, la verdad es que uno es incapaz de encontrar un sustituto, siquiera tímidamente, a ese Connery de los 80 que a todos nos impresiona aún.

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Wednesday, December 12, 2007

Muerte de un hombre

Bueno, y ahora que han pasado un par de semanas del fallecimiento de Fernán Gómez, podemos hablar concierta frialdad del asunto y del finado. Que el peloteo y los panegíricos se les dan muy bien a otros.

En primer lugar, e innegable: Fernán Gómez era un genio, o un actor genial, como se quiera. Inapelable.

Pero eso no quiere decir que uno esté de acuerdo con muchas de sus actuaciones. No sé si por respeto, o más bien miedo a su figura, muchos de los directores no le dirigían como debían. De ahí que en la mayoría de sus últimos trabajos, no veíamos a su personaje sino a Fernán Gómez, y no al revés, que es lo que debiera haber sido.

Esto tampoco es para abrirse las venas: no tenemos mas que fijarnos en el cine USA, en el que los grandes actores (De Niro, Pacino, Jack Nicholson) imponen de manera arrolladora sus personalidades en sus actuaciones, imponiendo sus éstilos y, en el peor de los casos, sus tics, a sus directores.

La lástima es que en los escasísimos casos en que el director ha "sujetado" a F. Gómez éste ha demostrado la innegable variedad de recursos que poseía. Ahí está "En la ciudad sin límites", donde el actor no podía desplegar, debido a la enfermedad de su personaje, sus habituales registros, y ofrecía una interpretación pletórica de patetismo de un enfermo de Alzheimer acabado al final de sus días.

En fin, que es una lástima que la desidia o pereza de muchos directores haya mutilado la versatilidad del actor, cosa que en el caso de otros grandes de todos los tiempos (John Gielgud, por ejemplo, o más recientemente, Ian MacKellen) no ha ocurrido de manera tan ostentosa, tal vez por su personalidad menos atronadora.

Y en cuanto a lo personal, me ha molestado mucho la opinión de sus allegados intentando disculpar el mal genio, valga la redundacia, del difunto.

El que Gómez fuera un genio no es óbice para que no pudiera ser un gilipollas. Que a lo mejor tampoco lo era. O sí. Ni le impediría tener un humor de perros. Y viceversa. El ser una persona de muy diversa calidad humana no influye en su genio o potencia intelectual. Y ejemplos no voy a dar porque hay a millones.

Pero la izquierda -o la "progresía"- española, es incapaz de resistirse a la tentación de subir a un altar a sus iconos. Cosa que, nobleza obliga, no ocurre con artistas de orientación política inversa, caso de Umbral o Cela.

Pues no. Fernan Gómez, como dicen sus hagiógrafos, no era "antipático" con los tontos, como más o menos he oído decir a su viuda -de facto- y compañeros.

Si tan antipático hubiera sido con los tontos, sobraban en su funeral el 75% de los representantes de la clase política y las instituciones. Pongan Vds. los nombres que quieran. Como mínimo, y siendo bondadoso, sobraba Carmen Calvo de esa primerísima fila en el sepelio.

Si tan antipático hubiera sido con los tontos, hubiera rechazado homenajes oficiales e incluso su nombramiento en la RAE, donde estaría acompañado por personajes tan "reputados" intelectualmente como #$@@ del estilo de Ansón o Cebrián.

Uno recuerda perfectamente -vídeo obliga- el famoso episodio de "A la mierda"y no recuerda comportamientos similares de Fernán Gómez con políticos, autoridades o similares de los que no me cabe duda de su indigencia moral e intelectual. Fernan Gómez fue antipático con una amable persona que, educadamente, le pidió una firma de un libro suyo que acababa de comprar. Y aquí que no me cuenten cuentos como los de la valerosa actuación de Don Juan Carlos de Borbón y Dos Sicilias el 23-F. Esto no fué hace 30 años, sino mucho menos. Uno lo vió con sus ojitos

Vamos, que Fernan Gómez no era antipático con los tontos. Era un antipático con quien podía, no con quien debía.

Por no decir que la aceptación de homenajes oficiales choca mucho con la imagen de anarquista que, dicen sus próximos, tenía.

Un anarquista, pienso, no se viste de gala ni acude a ciertos actos con cierta gente.

En fín, con todos los pesares, descanse en paz, que por trabajo a lo largo de su vida lo mereció de sobra. Fernán Gómez, un hombre, nada más. Y nada menos.

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Sunday, June 10, 2007

Fuera disfraces

Uno de los placeres culpables que confieso indisimuladamente es el cine de Tony Scott. Que critiquen lo que quieran, que gente con criterio hay en todas partes. Pero me da la impresión de que un tipo que ha sobrevivido 30 años realizando cine de género no puede ser tan malo. Y más, viendo como las pretendidas promesas o superestrellas de este tipo de cine son incapaces de llevar una carrera medianamente coherente. ¿Que ha sido de Stephen Sommers ("La momia, "Van Helsing"), de Antoine Fucqua ("Training Day")? ¿No es lamentable la trayectoria de Michael Bay, sin duda el más rendido imitador -que no admirador- de Scott, incapaz desde hace años de ofrecer una película decente?

Hace poco, viendo en DVD lo último de Scott, "Deja VU", no dejé de admitir las lagunas que el film ofrecía, producto sobre todo de su guión. Pero a pesar de todo, y sin inventarse ningún recurso narrativo, estilístico o tecnológico, y utilizando las mismas herramientas cinematográficas que llevamos viendo desde los ya lejanos tiempos de "Top Gun", Scott conseguía un producto de entretenimiento perfectamente llevado que , al que esto escribe y a bastantes de sus conocidos, le satisfizo plenamente y mantuvo pegado a su sillón durante toda la duración de la película.

Pues bien, parte (no toda por fortuna) de esa crítica que lapida indisolublemente cada nueva obra de Scott, ha acogido con bondadosa indulgencia en Cannes la nueva obra de Tarantino, "Death Proof", una desvergonzada masturbación -no homenaje- que el autor de Pulp Fiction ha realizado en torno a sus mitos de la serie Z (que no de la serie B). Ante esta auténtica meada fuera del tiesto, gran parte de los cronistas oficiales ha sonreido con comprensión y disculpado la bufonada del ex-empleado de videoclub, alabando en todo caso su innegable maestría visual.

Acabáramos. Nos pasamos gran parte de la década de los 90 alabando a un fulano que iba a revolucionar la cinematografía mundial, y al final vemos que , cuando no puede parasitar a los grandes de la moderna novela negra (Elmore Leonard, Westlake), sólo tenemos a un tipo que sabe colocar y mover la cámara. Vaya, si resulta que el rey está desnudo. Es que, por no tener, Tarantino demuestra no tener ni inteligencia. Gran parte del atractivo de estas películas reside en el humor que destilan su falta de recursos. Pretender hacer una película de cine trash con los medios de una producción de serie A de Hollywood es una intentona destinada al fracaso. Intentona cobarde, además en mi opinión, cuando viene avalada por toda la máquina publicitaria y económica de los hermanos Weinstein.

Mención aparte merece el inefable director del Festival de Cannes, el ínclito Gilles Jacob. Alguien tan pagado de sí mismo como para considerarse el descubridor de Tarantino o Wong Kar Wai, y de arropar a sus muchachos presentando a concurso sus últimas obras aunque esten pendientes de montaje, en el caso del Hogkonés (¿se dice así?), o de que se trate de auténticos delirios bizarre como es el caso de "Death Proof"

En fin, que los peores augurios que cité con ocasión de "CSI: peligro sepulcral" se han cumplido.

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